La esencia de la turba. El alma del sur.
Urquijo Peated nace de una cuidada selección de cebada malteada, secada con el calor y el humo procedentes de la combustión de turba. Durante este delicado proceso, los compuestos fenólicos de la turba se impregnan en la malta, dejando en ella su característica huella ahumada.
A lo largo de la destilación, este carácter permanece y evoluciona, dando lugar a un whisky de aroma profundo, personalidad intensa y elegantes notas de humo y turba.
Tras la destilación de las maltas, y una primera etapa de 3 años de maduración , el destilado emprende su viaje hacia el sur, hasta El Puerto de Santa María, Cádiz, donde comienza una nueva etapa de su crianza en nuestra bodega, buscando el equilibrio entre ahumados y maltas en barricas de roble español envinadas con oloroso Sherry, cuidadosamente escogidas para aportar profundidad, complejidad y matices únicos. Es aquí donde comienza a desarrollar su personalidad propia que lo hace diferente.
Durante su maduración en El Puerto de Santa María, el clima oceánico de la zona se convierte en un elemento más del proceso. La proximidad del Atlántico, la humedad y las condiciones propias de este enclave acompañan lentamente la evolución del whisky, favoreciendo una interacción única entre el destilado y la madera.
El resultado es Urquijo Peated, un whisky que recorre dos tierras y dos tradiciones para encontrar su propia identidad: la intensidad ahumada de la turba de las tierras altas, la riqueza de las barricas de Sherry y la influencia del Atlántico gaditano.
En este largo proceso, el viento de Poniente, fresco, húmedo y cargado de salinidad atlántica, que tanto aporta a la maduración pausada y equilibrada en nuestras barricas es también un importante protagonista de nuestra historia, y por ello nos hemos atrevido a componerle unos versos para que nos acompañen en esta nueva singladura:

El viento de poniente
El Puerto de Santa Maria,
Donde las salinas brillan al alba,
los esteros respiran despacio,
y llega un viento con memoria larga,
que al rozar las bodegas antiguas,
se torna música en las fachadas.
Entra suave en la bodega,
susurro recién nacido,
moviendo el aire en la penumbra
del barril tibio y henchido.
Acaricia la madera noble,
despierta aromas dormidos,
y en cada grieta deja un rastro
de mar y tiempos fundidos.
El roble español lo acoge,
abre su pecho tostado y hondo,
y el viento, paciente artesano,
pulsa su esencia en cada fondo.
El poniente le da su danza,
el roble su pulso divino.
y en ese abrazo de siglos,
entre madera, tiempo y brisa,
el whisky madura en silencio
mientras el tiempo descansa.
